30 ene. 2011

PROGRAMA Nº 13 DE LA SEGUNDA TEMPORADA

27. 01. 2011


LOS BEREBERES CON UN CUENTACUENTOS PROFESIONAL


Alguien dijo…

Proverbios bereberes:

1. “El vendedor de habas siempre dice que cuecen bien.” En la sociedad actual, basada en la competición, el marketing es muy importante.

2. “Si Dios no perdonase, su Paraíso estaría vacío”. Una buena campaña de marketing hace que no llegues al segundo proverbio.

Errores humanos…Equivocarse es humano, pero echarle la culpa al otro es más humano todavía.

Antropología sin dolor

Hammu Mahomed, cuentacuentos profesional, conferenciante, educador en Biblioteca, un nómada ciudadano del mundo nos desvela los secretos de la cultura bereber.

Los cuentos exclusivos de las mujeres bereberes como una terapia de supervivencia. Hay reuniones donde cuentan para curarse y olvidar la miseria del día a día.

Rituales, igualdad, profundidad de pensamiento, emociones, moralejas, sutilidad, simbología, misterio, catarsis, todo se entremezcla en las sesiones de cuentos que reúne a las mujeres bereberes en un espacio mágico prohibido a los hombres.

Tapeando por el mundo

Gastronomía bereber: refinada, sabrosa, copiosa y muy especiada.

El cilantro es una planta aromática muy utilizada. El plato nacional es el cuscús.

¿Sabías que el cuscús es de origen bereber?

El estilo tradicional bereber, de comer con la mano está compartido por muchas otras culturas.

Harira, un plato de proveniencia marroquí, muy consistente y sabroso: la sopa que se come en Ramadán.

La mitad del cielo

Entrevista con el cuentacuentos bereber:

Hoy hablan los hombres de las mujeres bereberes…

Una situación bastante “Jauja” dentro del conjunto magrebí: no se tapan los rostros, tienen mucha importancia, son las portadoras y transmisoras de la tradición cultural oral del pueblo bereber. Protegen mucho la privacidad.

La mujer define y decide su sexualidad libremente. Es una mujer mágica.

¿Falta de amor o pura libertad personal?

¿Placer y pecado son sinónimos?

Rincones del mundo

La Perla del desierto de Marruecos…

Un oasis, ciudad pre sahariana, modelo de asentamiento tradicional…

La ciudad vieja… Lo más importante es el camino (Antonio Machado y Edgar Morin).

Erase una vez

Hoy, Hammu tiene para todos un cuento bereber, como los que purifican las almas de las mujeres que se reúnen en un espacio mágico:

“Hay un cuento entre vosotras, quien lo busque lo encontrará.”

Escúchalo!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

18 ene. 2011

JUEVES 20 DE ENERO DE 2011/ LOS MASAIS EN ALGO MÁS QUE RADIO: UNIRADIO

PROGRAMA Nº 12 DE LA SEGUNDA TEMPORADA


KENIA Y LOS MASAIS


ALGUIEN DIJO…


“Reza la leyenda, Engai tuvo tres hijos: al primero le entregó un arco y una flecha para que cazase, al segundo una azada para cultivar la tierra y al tercero un bastón para conducir el ganado. Este último llevaba por nombre Natero Kop y fue el único que sobrevivió, dando así origen a la estirpe de los maasai. Desde entonces, este pueblo ha hecho girar toda su vida alrededor del ganado, y cada año acuden a la falda del volcán para con sus sacrificios rogar a Engai por la fertilidad del ganado y las mujeres.”

Fuente: LOS GUARDIANES DEL LAGO. DIARIO DE UN ARQUEÓLOGO EN LA TIERRA DE LOS MAASAI de JORDI SERRALONGA, Ed. Mondadori, Barcelona, 2001. Es un arqueólogo y naturalista nacido en Barcelona en 1969 pasó más de una década viajando a Kenia y Tanzania, tanto como científico como de turista.

ANTROPOLOGÍA SIN DOLOR

A. CAMINE HACIA UN CUERPO MEJOR
CON LOS ZAPATOS MBT: Masai Barefoot Technology

Una idea surge en Corea del Sur en la mente de un suizo que piensa en los masais para confeccionar unos zapatos: MBT.

B. MUJERES MASAI

http://www.youtube.com/watch?v=a9jl7saOC1I&feature=related

Mujeres con vestidos muy coloridos (utilizan mucho el naranja, el rojo y el amarillo, muy adornadas con collares, brazaletes, pulseras (en manos y pies) y con la cabeza raspada, pero también muy adornada.

¡¡¡¡Parece que el pelo representa impureza en las mujeres y es el orgullo de los hombres masai!!!!

C. http://www.youtube.com/watch?v=cQ9pKpT2HoE

Los masai les enseñan a los turistas como encienden el fuego con un palo y un trozo de un colmillo de elefante.


TAPEANDO POR EL MUNDO

En Kenia puedes comer un plato contundente, de una elaboración simple que consiste básicamente en féculas o cereales -sobre todo maíz- mezcladas con leguminosas (frijoles) o con carne en salsa, más frecuente que pescado. Es una dieta a un precio mínimo, aunque poco apta para personas vegetarianas.

La carne de cabra a la parrilla -allí lo llaman nyama choma, que significa "carne asada"- es uno de los platos más tradicionales.

Para comer pescado y marisco hay que estar en la costa o cerca de lagos y ríos de montaña: la tilapia, la perca del Nilo y la trucha.

En los restaurantes del Parque Masai Mara puedes encontrar una extensa carta de carne salvaje desde las menos comunes como el búfalo, el ñú o antílopes a la ternera o cabra.

El ugali, un aperitivo muy popular. Consiste en unas bolas de harina de maíz cocidas, que tienen una textura parecida al pan. Para hacer la masa más sabrosa ésta se mezcla con mantequilla, con queso o con leche, si se dispone de los ingredientes en ese momento.

De postre debemos probar frutas tropicales como cocos, chirimoyas, guayabas, mangos, melones, naranjas, piñas, plátanos, papayas y tamarindos...Los viajeros más cafeteros podrán disfrutar del buen café de Kenia -lo llaman kahawa-, aunque la mayor parte de la producción se exporta.

LA MITAD DEL CIELO

Entre los adultos, el trabajo de la mujer maasai es mucho más duro que el del hombre; con toda probabilidad, cualquier occidental vería en los maasai una actitud que hoy tildaríamos de talante machista. Un aspecto éste seguramente heredado del Neolítico, es decir, del momento en que los seres humanos abandonamos los hábitos cazadores-recolectores propios de la economía predadora para convertirnos en productores.

RINCONES DEL MUNDO

http://iniakiag.blogspot.com/2010/04/masai-mara.html

RESERVA NACIONAL MASAI MARA: continuación del SERENGETI de Tanzania

Espacio natural africano: el MARA (el nombre le viene dado por el famoso rio lleno de cocodrilos que tienen que cruzar las manadas cuando hay un cambio de estación).

Hay un campamento super “ecológico”: no vallas, no reglas, solo tú, la sabana, un guía masai y un montón de guepardos, leones, topis, gacelas, jirafas, ñúes, babuinos a y se me olvidaba cocodrilos…..

El campamento tiene 10 plazas y pertenece a dos argentinos.

Hay también una sofisticada cadena de bungalows (un LODGE), para los que estar demasiado cerca del peligro no le hace gracia. Están construidos en círculo, según el modelo de la manyatta masai,y desde la terraza del restaurante se pueden ver los ñus cuando llegan al rio Mara, la etapa final del ciclo migratorio.

Las mejores fechas para presenciar este espectáculo van desde julio a noviembre.

ERASE UNA VEZ

Un cuento que es muy bonito pero que era demasiado largo para el espacio que tenemos reservado en el programa. La fuente es el libro “Cuentos y leyendas masai” de Alfredo Francesch, 1997

OLE PARTUKEI-Cuento masai

Ole Partukei vivía en compañía de otros guerreros. Era un hombre gigante e inmensas, su gigantesco vigor sólo podía compararse a la enormidad de su apetito, y, dado que los guerreros estaban en un olpuL y entonces sólo se alimentan de carne, apenas encontraba forma de saciar su gran voracidad. No pasó, pues, mucho tiempo antes de que decidiera abandonar la aldea, y partió para vivir en el bosque, llevando consigo a su criado, Murunya Nkiyiaa.

Las semanas transcurrieron y Ole Partukei fue cobrando hábitos cada vez más salvajes. No cubría ya su cuerpo con vestiduras, sino que vagaba sin otras ropas que su vello hirsuto y tupido; profería gruñidos y ronquidos más propios de bestias que de un hombre; dormía al aire libre o al cobijo de arbustos, al azar de sus correrías. Los animales lo temían y lo huían, evitando pasar cerca de su cubil. Cuando agotaba la caza en el terreno en que hubiera establecido su campamento, lo levantaba y se guarecía en otro punto del bosque. Y era entonces cuando empezaban los problemas para sus nuevos vecinos, pues Ole Partukei no dudaba en realizar expediciones de saqueo, robando, matando y devorando el ganado de los habitantes del lugar. Los que fugazmente podían ser testigos de sus fechorías apenas eran creídos cuando hablaban de un gigante feroz, que recorría desnudo los bosques lanzando gruñidos y matando vacas.

Una tarde, Ole Partukei y su sirviente, Murunya, acechaban un rebaño. El guerrero que lo custodiaba se percató de la presencia del gigante y vio cómo avanzaba hacia un buey gordo y lleno de grasa. Palpó la empuñadura de su espada, pero, demasiado atemorizado para enfrentarse al titán, de un salto se refugió tras unos arbustos. Desde allí lo vio asir por el rabo al buey y, con una sola mano, arrastrarlo hacia sí. Aunque estaba asustado, su orgullo de guerrero y su obligación de cuidar el rebaño pudieron más que el miedo, por lo que se lanzó sobre el dorso de Ole Partukei y descargó en su hombro un gran golpe con la espada, dejándosela clavada. Ole Partukei pensó que su criado le daba toquecitos en la espalda.

-¿Qué ocurre, Murunya? -preguntó.

-Nada, señor -fue la respuesta, pues Murunya no había visto el ataque del guerrero.

Sin más dilaciones, el gigante rompió el cuello del buey con un sencillo movimiento y lo llevó a rastras hasta la espesura. Más tarde, en su campamento, Ole Partukei sintió que algo le chorreaba por la espalda.

-Murunya –dijo Ole Parkutei -, creo que estoy sudando. Trae algo con que limpiarme.

Murunya vio entonces la herida de su amo y tartamudeó:

-No..., no..., no es sudor, señor. Tienes una espada clavada en el hombro: es sangre.

Ole Partukei se arrancó la espada del hombro y la tiró a un lado, sin dar muestras de sufrir daño alguno.

-¿Quién me ha podido hacer esto? - rugió.

-No lo sé. Habrá sido algún guerrero que vigilara el rebaño -aventuró su criado.

Ole Partukei estaba tan furioso como un león herido . Entre terribles improperios tomó el mismo camino que había llevado al rebaño de vacas, jurando vengarse de la ofensa recibida.

Mientras esto ocurría, el guerrero había regresado a su poblado con el ganado. Junto al fuego, relató a sus compañeros lo ocurrido, sin olvidar de jactarse un poco.

-He dado a ese gigante una lección que nunca olvidará.

Sus amigos estaban horrorizados.

-¿Sábes lo que has hecho? Nos has metido en un buen lío.Y así fue, puesto que Ole Partukei había seguido las huellas de las vacas hasta el poblado y, en ese instante, saltó por encima del cercado atacando por sorpresa. Los guerreros, embestidos de improviso, huyeron en todas direcciones. Ole Partukei, rápido como un animal salvaje, aferró por una pierna al que hasta ese momento había estado alardeando y lo lanzó como a un muñeco contra un matorral espinoso. Después arrancó un árbol de raíz, lo blandió como si de una maza se tratara y cargó contra todos los demás. No se detuvo hasta dejar la aldea sembrada de cuerpos malheridos. Entonces se dio por satisfecho y abandonó el lugar.

Pasó mucho tiempo. Y una gran sequía llegó a la tierra de los masai. Las lunas se sucedieron, pero ni llegaron las lluvias ni los ríos trajeron agua. Los masai y su ganado se morían de sed. Ante estos hechos, cargaron sus burros y tomaron la determinación de abandonar sus hogares en busca de pastos frescos. Sólo un hombre, Lankas, optó por quedarse.

El único lugar que permanecía aún verde y húmedo en los alrededores era el bosque. Pero en el bosque tenía su hogar Ole Partukei. Por fortuna, Lankas había sido mucho tiempo atrás buen amigo del gigante, cuando ambos fueron guerreros. Así pues, decidió intentar persuadir a su antiguo amigo de que le dejara llevar su rebaño a pastar a la espesura y, no sin nerviosismo, emprendió la marcha hacia allí.

-Ole Partukei -le dijo-, estoy a tu merced en estos tiempos de dificultades. Eres el señor del bosque, y así se te reconoce. Y se sabe que nadie puede apacentar sus rebaños aquí sin tu permiso. Pero, por nuestra vieja amistad, te pido que me dejes traer a mi ganado antes de que muera.

-Lankas, viejo camarada, trae cuando quieras tus vacas, tus cabras y corderos. Eres libre para recorrer mis dominios con total seguridad. Me encantara compartir este gran bosque contigo - respondió Ole Partukei. Pero en sus ojos se vio un brillo voraz.

Aliviado, Lankas condujo su ganado al bosque. Como exige la costumbre entre los masai, presentó a Ole Partukei un magnífico toro para sellar el acuerdo al que habían llegado.

Y todo fue bien, hasta que, en uno de sus vagabundeos, el enorme salvaje dio con los rebaños de Lankas, que pacían indolentes. Bien alimentados y sanos, los animales produjeron en Ole Partukei una excelente impresión.

-Vaya, vaya - se dijo -, realmente mi amigo Lankas tiene unos hermosos toros en mis tierras. Mas, ¿por qué debe él tener tantos y yo ninguno? Si yo le he permitido generosamente compartir mis propiedades, bien puede compartir él conmigo su ganado.

Y, desde aquel día, comenzó a acechar al ganado de su antiguo camarada, esperando la ocasión propicia. Ésta no tardó en llegar, por cuanto Lankas partió de viaje; Ole Partukei se hizo con un hermoso toro con manchas rojas en el lomo y la cerviz, lo llevó hasta su campamento y se lo comió en una sentada. Cuando volvió a sentir hambre robó un segundo toro, y después un tercero. Hasta que Lankas regresó. Desesperado, comenzó a gemir.

-¡Mis toros, mis toros! ¿Dónde están? Entregué a Ole Partukei el mejor de todos y él me roba tres aprovechando mi ausencia. Ha tratado a su amigo más antiguo como al peor de suS enemigos. Pero. si busca problemas, acaba de encontrarlos: juro por la sangre del toro que selló nuestro pacto que me vengaré.

Lankas ardía de rabia. Fue a visitar a un cazador conocido suyo y consiguió algunas flechas envenenadas. Cuando el cazador supo el propósito de Lankas de matar a Ole Partukei, no dejó de alegrarse, pues su terrible presencia ponía en fuga a todos los animales. Después, Lankas buscó el rastro de Ole Partukei y lo siguió hasta el campamento.

Allí estaba Ole Partukei. Sentado en el suelo, remataba su comida, un hipopótamo recién abatido. Lankas buscó furtivamente un matorral que le ocultara, apuntó con calma, montó el arco y disparó tres flechas envenenadas. La primera zumbó junto al oído del gigante, la segunda le rozó el hombro, pero la. tercera se clavó profundamente en el enorme brazo.

Ole Partukei lanzó un rugido al sentirse herido y echó miradas furiosas en derredor buscando a su atacante, pero no pudo dar con Lankas. Al ver que su tercer dardo daba en el blanco, se había zambullido en lo más denso de la espesura. Ole Partukei se arrancó la flecha y vio el negro y denso veneno en su punta. Se ató al brazo una correa de cuero, sobre la herida y escupió. Gritó a Murunya:

-Trae mis hierbas curativas y prepárame una medicina con grasa y la vejiga de una novilla. Date prisa o el veneno comenzará a hacer efecto.

Una vez preparada la poción, la apuró de un trago sin perder un instante. No pasó mucho tiempo hasta que el dolor desapareció y las fuerzas volvieron a su brazo herido.

Al día siguiente, Lankas se llegó al campamento, cuidadosamente, para comprobar si su víctima aún seguía viva. Vio que estaba comiendo con buen apetito y que, con toda evidencia, gozaba de una salud magnífica. Se arrastró entonces más cerca, preparó el tiro y logró un certero blanco en la articulación del tobillo. Ole Partukei cayó al suelo gritando y retorciéndose. La punta de la flecha había penetrado profundamente en el hueso. Trató Ole Partukei de arrancarse el dardo, pero estaba firmemente clavado. El veneno comenzó a esparcirse por su gran cuerpo y Ole Partukei agonizaba. Al comprobar que la herida era mortal, Lankas huyó a través del bosque.

Murunya preparó una vez más la medicina en un intento de salvar la vida de su señor, Ole Partukei la bebió, pero esta vez fue en vano. Ole Partukei supo que iba a morir, perdió toda esperanza, pero quiso enfrentarse a la muerte como el gran guerrero que fue tiempo atrás. Ordenó a Murunya que cumpliera sus últimos_deseos: - Tráeme mi lanza, mi escudo, mi tocado y mi piel de león. Vísteme como cuando era un guerrero en mi juventud.

Murunya sollozaba mientras ataviaba por última vez a su amo.

Con esmero le lazó las pulseras, los brazaletes, los collares, el tocado de plumas de avestruz y la piel de león. Colgó de su brazo el gran escudo con la estrella blanca y en su puño puso la lanza, con la punta mortal recién afilada. Empleando cada ápice de su fuerza, Murunya alzó a su señor, vestido como si hubiera de enfrentar una terrible y gloriosa batalla, y lo apoyó contra el tronco de un árbol y mientras el sol se hundía en el crepúsculo, Ole Partukei unió su espíritu al de sus antepasados.

Al día siguiente, Lankas regresó a comprobar qué había sido del gigante. No oyó ruido alguno ni vio a nadie, ni al enorme salvaje ni a su criado. Únicamente, grandes montones de huesos formando pequeñas colinas. Regresó a su pueblo, y contó que el gigante y Murunya Nkiyiaa habían desaparecido. Las pequeñas colinas que aún hoy se levantan en la tierra de los masai siguen llevando el nombre de "Ole Partukei".