25 mar 2011

TAGANANA Y LOS GUANCHES

PROGRAMA 16 DE LA SEGUNDA TEMPORADA
24 DE MARZO DE 2011


1. ALGUÍEN DIJO...

El “faicán” (sumo sacerdote) hacía una junta, a cuyos componentes se les preguntaba si habían visto al interesado “entrar en corral a ordeñar cabras, o matar cabras, o guisar de comer, o lo habían visto hurtar en tiempo de paz, o ser descortés y mal hablado y mal mirado, principalmente con las mujeres”.
“Era costumbre entre los naturales de la tierra (Tenerife) que, si alguno iba a visitar a otro o a negociar, no entraba dentro de la casa, sino sentábase en una piedra que tenían a la puerta y silbaba o cantaba hasta que de dentro lo oían; y luego salía el señor de la casa o cueva, y sabía lo que quería, o lo entraba dentro; y, si hacía lo contrarío tenía grave pena, que se ejecutaba”
Galindo, citado por Domingo Lima Domínguez, en las páginas: 31,38.

2. ANTROPOLOGÍA SIN DOLOR.

DOMINGO LIMA DOMINGUEZ: LOS GUANCHES. HISTORIA Y CULTURA, Ed. Centro de la cultura popular canaria, 1985.

SOBRE LAS LEYES GUANCHES:
Si alguien quería vengarse de un ultraje y entraba en casa de su enemigo por la puerta, la ley no podía hacer nada, pero si era severa contra quien lo hacía saltando paredes.
En Tenerife eran algo severos con el que faltaba a la mujer: ningún tinerfeño podía mirar ni hablar a una mujer encontrada en paraje solitario.
Las leyes se transmitían de forma oral, por lo tanto la palabra dada, era en general de gran importancia. Incluso cumplían lo prometido a sus peores enemigos: los conquistadores que los acosaron y engañaron, dice Galindo.

CREENCIAS, RITOS, FIESTAS Y JUEGOS
-En Tenerife creían en un ser supremo, al que invocaban bajo tres nombres: Achuhurahan, Achahucanac Y Achguayaxerax. Se dirigían a él sobre todo cuando faltaban las lluvias, juntando las ovejas en el baladero, alrededor de una lanza hincada en el suelo, y haciéndolas dar balidos.
-Junto a esta divinidad masculina tenían una femenina: Achguayaxiraxi. En función del sol (Magec) contaban los días y en función de la Luna contaban los meses y los años. El año guanche comenzaba el 21 de abril, fecha de iniciación de la trashumancia pastoril. Creían en un Infierno y en un genio del mal (Guayota).
-La figura del adivino es también relevante en Tenerife.

HABITACIONES
-Son las típicas de un pueblo pastor-agricultor semisedentario. Dada la topografía de las islas, los guanches vivían en grutas, a las que se les hacían pocos arreglos: se levantaba una pared ante la entrada y se fabricaba el lecho o yacija. La cueva constaba de 3 dependencias: la más exterior y abierta era la cocina, que tenía hasta 6 u 8 hogares, luego otra reservada a reuniones y provista de lajas pétreas alrededor, que servían de asientos y por último el dormitorio, con la yacija que consistía en una pared de más o menos medio metro de alto, paralela a la del fondo de la gruta; el espacio intermedio se rellenaba de piedras blandas, sobre las cuales se tendía una camada de hojas secas, esteras de juncos o pieles. Los cónyuges de Tenerife dormían separados, cada uno en su yacija.

3. TAPEANDO POR EL MUNDO.

-Carne: cabra, oveja, cerdo y perro (cancha), no cocida sino ligeramente asada. La oveja era similar a la que aún existe en partes de África, de pelo liso y cola gruesa. Carecía de lana. Las ovejas y las cabras eran llevadas parte del año a lugares altos, donde permanecían al cuidado del pastor. El cerdo quedaba en los poblados, al cuidado de mujeres y niños. Estudios hechos en una cueva-habitación en Tenerife (Los Cabezazos) indican el porcentaje de 57,5% carne de cabra, 30,3% carne de cerdo y 12,2% carne de perro.
-Leche, queso y grasa (mantequilla y sebo). Utilizaban las raíces de las malvas para tomar la leche, en lugar de cucharas. Limpiaban las raíces y las majaban hasta que las hacían deshilar. Luego las extendían al sol. Cuando ordeñaban metían las raíces (xuesco) en la leche caliente y chupaban hasta hartarse. Después, volvían a extender las raíces al sol. Los guanches utilizaban también las conchas del molusco llamado “patella” como cuchara, ya agarradas directamente, ya provistas de un pequeño mango de leño. Utilizaban las espinas de pescado para extraer la parte comestible de los caracoles, que se consumían en gran cantidad. La mantequilla se hacía de la siguiente forma: se llenaba un zurrón (odre) con leche hasta la mitad y se lo botaban, a manera de pelota, dos mujeres.
-Gofio o “ahorén”(harina): es el alimento más conocido de los guanches. Se obtiene de cebada o trigo tostado y luego molido, amasada por los ricos con leche, miel y manteca y por los pobres con agua y sal. La harina extraída de la raíz del helecho estuvo muy extendida sobre todo en La Palma, donde aún se usa para alimentar a los cerdos. La harina de raíz de helecho era secada, molida y amasada con agua. Se hacia un bollo que se tostaba en recipientes de barro.
-moluscos (caracoles)
-Frutas silvestres
-Pescado: capturado en la orilla, ya que no abundaban los buenos nadadores en Tenerife.
-Habas y otras legumbres.
-Sal, de los charcos a orillas del mar y miel, obtenida de un fruto llamado “mocán”.

4. LA MITAD DEL CIELO.

-fácil de fundar un hogar entre los guanches; cuándo se deshacía el casamiento los hijos pasaban a ser considerados ilegítimos.
-el núcleo de la familia era constituido por padres y hermanas.
-división del trabajo: el hombre se dedicaba a roturar la tierra, a cuidar el ganado, a fabricar armas y a acondicionar la casa y la mujer sembraba las semillas, cuidaba la prole, hacia vestidos, mantenía el fuego, fabricaba vasos de cerámica, preparaba el queso y la manteca.
-las mujeres de Lanzarote tenían fama de ser hermosas y hay autores que testifican que practicaban la poliandria.
-en Gran Canaria la novia que se iba a casar era puesta por los padres a engordar durante 30 días y una vez celebrado el matrimonio era entregada la primera noche al padrino.

5. RINCONES DEL MUNDO.

Cueva del viento

6. ERASE UNA VEZ.

EL HOMBRE FLOR

Había una vez un hombre flor.
Era extraño su medio cuerpo humano, su aroma vegetal.
Cuando estaba feliz, sonreía con un movimiento de pétalos
alocados.
Cuando estaba triste dejaba caer las gotas de rocío por su tronco
hasta el suelo.
Nadie lo quería. Era extraño.
Nadie le hablaba. No iba a entender nada.
Él caminaba solo por las madrugadas en las ciudades silenciosas.
Cuando amanecía un aroma dulzón y alegre había impregnado los
muros, las azoteas grises, las calles sombrías.
Aquellos días la gente caminaba más alegre, miraba al cielo y
luego saludaban a los vecinos con una sonrisa. Los colores
brillaban, las palabras eran luminosas, los corazones palpitaban al
ritmo de la música.
El hombre flor seguía su camino. Dejando atrás el olor de la
felicidad. Solitario buscador de ciudades opacas.

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